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Más allá de la política industrial

Más allá de la política industrial Matías Acevedo Ferrer
Gerente Corporativo de Corfo


La ansiedad de muchos gobiernos, que tienen hoy envueltos a sus países en una crisis económica, los ha llevado a recurrir a una versión "moderna" de la política industrial que no asegura éxito.

Recientemente un grupo de académicos en su libro El Otro Modelo, reflotó la “necesidad” de que Chile adopte una versión “moderna” de la otrora política industrial (PI), resaltando que ningún país en el mundo ha logrado el desarrollo sin implementarla. Una política industrial se refiere a cualquier tipo de intervención del gobierno que busque cambiar la estructura productiva hacia sectores, que se espera, ofrezcan un futuro más próspero en términos de crecimiento económico o bienestar social, en oposición al que se hubiese logrado en ausencia de esta intervención. 

Afirmar que sólo los países que han implementado una PI han alcanzado el desarrollo, es tan poco riguroso como sostener que logramos duplicar la tasa de crecimiento de la economía chilena en este gobierno, y revertir la caída que venía experimentado la productividad, como consecuencia del fin de la política industrial selectiva impulsada en el gobierno anterior. Para el especialista en desarrollo económico, William Easterly, la pregunta correcta que debe hacerse es: cuál es la probabilidad de que un país que adopta una política industrial sea exitoso y mantenga un ritmo de crecimiento económico elevado y sostenido en el tiempo. Según la evidencia acumulada por Easterly, esta probabilidad es bastante baja.

En el caso de Chile, durante el gobierno anterior se implementó una PI selectiva, definiendo ex ante cinco clusters con ventajas comparativas: Acuícola, Alimentario, Servicios Globales, Minero y Turismo de Intereses Especiales. Durante la actual administración, se decidió que todos los clusters tienen el mismo derecho a participar de los programas gubernamentales, en la medida en que se advierta potencial de crecimiento y fallas de mercado que resolver. Además, los clusters previamente elegidos ya cuentan con ministerios o subsecretarías que buscan implementar incentivos verticales para el desarrollo de sus sectores y coordinación transversal, y sólo habría que perfeccionarlos.

Hay consenso entre actores directos en la implementación de la PI de ambos sectores políticos en que la política selectiva de clusters fue poco reveladora y novedosa respecto de los sectores elegidos y sus evidentes ventajas comparativas; más bien tímida en sus apuestas y bastante frágil y redundante en su institucionalidad. A esto se suma lo indicado por la Ocde en su último informe sobre PI, que dice que la evidencia empírica sobre los resultados de estas políticas en el pasado es poco clara en su relación causa-efecto, y por lo tanto es necesario avanzar en un mejor monitoreo y evaluación en el futuro.
La ansiedad de muchos gobiernos, que tienen hoy envueltos a sus países en una crisis económica con altas tasas de desempleo, los ha llevado a recurrir a una versión “moderna” de la PI que no les asegura éxito alguno, pero envía una señal de acción estatal. Sin embargo, los ingredientes de la receta para seguir creciendo, mejorar la productividad y alcanzar el desarrollo siguen más vigentes que nunca: una política macroeconómica y fiscal responsable y focalizada; altos niveles de ahorro e inversión; promoción del emprendimiento y la innovación; y mejoramiento del capital humano básico y avanzado. Todos ellos han experimentado importantes avances durante este gobierno.