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Atreverse a surgir

Fecha de publicación: 2 de septiembre de 2011
Gabriela Gómez Calisaya,  tuvo una infancia dura y  de niña trabajó para ayudar a sus padres. Con el apoyo de Corfo, construyó un moderno hotel de cuatro pisos
A los 12 años llegó a Arica, con sus padres y hermanos. Venían de Camiña. Cuando niña-adolescente, mientras estudiaba ayudaba a sus padres trabajando en aseo de casas y lavando ropa. "En tarros de manteca lavábamos sábanas con mi mamá", recuerda ahora la conocida comerciante y empresaria Gabriela Gómez Calizaya, en medio del intenso quehacer para la puesta en marcha del Hotel Samaña ("Lugar de descanso" en lengua aymara), construcción de 1.543 metros cuadrados, de cuatro pisos, con 28 habitaciones destinadas preferentemente a pasajeros de la tercera edad.


Ejemplo de sacrificio

Gabriela Gómez Calizaya, es miembro de una familia que a costa de muchos esfuerzos y sacrificios ha salido adelante. Sus cuatro hermanos son también conocidos comerciantes y empresarios y sus tres hermanas también tienen un buen pasar. Para el director regional de Corfo, Gabriel Abusleme, toda la familia Gómez Calizaya son "un ejemplo de perseverancia, trabajo arduo y una fe inquebrantable en Arica".

Gabriela que tras egresar del Comercial nunca trabajó como secretaria, porque ganaba más en otras cosas. Cosió sacos en Coinsa, trabajó en Bolocco, sección radio, poniendo piezas en condensadores y como administrativa en Grace. Después llegó al hospital, sección contabilidad, donde estuvo 18 años. En 1976 se casó con Antonio Víctor Acevedo Lázaro, funcionario del ferrocarril. Ambos sueldos sólo servían para sobrevivir, por eso su marido se retiró del ferrocarril para trabajar en negocios con sus cuñados, hermanos de Gabriela, quienes a su vez partieron en eso con su padre, Emeterio Gómez, que con un pequeño capital tras vender un modesto camión la hicieron de oro en los años 80 trayendo mercadería "principalmente ropa- de la Zona Franca de Iquique, aquí se vendía odo a los peruanos en un abrir y cerrar de ojos". Su esposo luego instaló su propio negocio, una pequeña ferretería, donde también vendía ropa, en calle Colón, entre Chacabuco y O'Higgins. Ese fue el incentivo para dejar su trabajo en el hospital. "Además, mi jefa en el hospital Julia Beretta, me decía, renuncia para que le ayudes a tu marido".

Cambio fuerte. Tanto, que dice, le costó mucho atreverse a atender en el mostrador. "uando pasaba un médico, una enfermera u otro profesional del hospital, yo me escondía, me daba plancha" recuerda ahora sonriente. "no fue fácil, la sufrí harto, pero claro, veía que ganaba mucho más que el sueldo en el hospital y además ya habían nacido nuestras dos hijas".

El despegue

Recuerda que no fue fácil asumir su nueva condición de comerciante, porque no faltaban los problemas, entre ellas las deudas, "pero a los dos o tres años tomé las riendas". Así fue como en 1988 abrió su propio negocio en el Centro Comercial El Morro. "Era muy modesto, pero tenía de todo, algunas cosas yo mismo las hacía. Fui de a poquito y comenzó a irme bien".

Hoy tiene tres locales en la misma galería, donde Comercial Gaby la lleva. Palabras especiales tiene para su personal: "He contado siempre con muy buenos colaboradores, ellos me han ayudado mucho y son responsables de lo que he logrado". También para su padre Emeterio, todos sus hermanos y hermanas, y en especial para su madre, fallecida en 1998, Nazaria Calizaya, quien se sacrificó mucho para sacar adelante a su familia.

Del hotel, cuenta que es una aventura que no había soñado. Se fueron dando las cosas. Se dio la oportunidad de comprar el terreno, que tenía construcciones antiguas, pero no tenía claro qué hacer. Así fue como con su esposo y su hija Alejandra, ingeniero civil eléctrico egresada de la Universidad de Tarapacá, y Luis, un colaborador que ella dice es como el hijo que no tuvo, llegaron a la idea del hotel, establecimiento que estará a cargo de Alejandra.

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